El canto del arpista ciego
El cantar del arpista ciego Soy ciego; ¡Oh, Gran Interf, pero sin vista sentí pasar la vida tan fugaz: permite que la cante, soy arpista, no dejes de gozar su brevedad. ¿Acaso tus ancestros perduraron? Están en sus pirámides. Reposan los nobles en sus templos enterrados... ¿acaso permanecen? ¿de qué gozan? Sus tumbas bellamente construidas, sus momias decoradas tan macabras, sus casas tan hermosas derruídas... tan solo sobreviven sus palabras. Los bienes de Imhotep ya se han perdido, Del sabio Hardedef no queda nada; sus libros, a lo sumo, han pervivido; su cuerpo es solo polvo en su morada. Del resto nada queda, ya es olvido, tan solo una pared donde se labra su historia que pasó, que se ha vivido: su cuerpo no estará cuando las abran... No vuelve ser alguno de la muerte no pueden relatar lo que allí vieron ¿Quién sabe más allá cuál es su suerte? ¿Qué pueden confesar, si no volvieron? No calma al corazón que nos alerten que un día llegará, que moriremos. Disfruta del momento,...
